La Comida

-Está todo muy bueno, como siempre Paco, ¡eres un as de la cocina!

-Y tu un tragón que te lo comes todo esté como esté

-Es lo que tienen los cuñaos, Paco, vienen a tu casa y se comen tu comida, pero yo por lo menos te lo agradezco, ¿no?

-Déjalo Manuel, mi hermano es inmune a los halagos, sabe que cocina de cine pero es demasiado modesto para aceptar los cumplidos.

-Martita tu siempre cuidando de tu hermano pequeño, como si él no se pudiera cuidar solo.

La mirada de Marta a su marido sirvió para corta la conversación y que los comensales se centraran en sus platos concienzudamente. Era de dominio público que el matrimonio no estaba pasando por su mejor momento y la gente que asiduamente coincidía con la pareja no habían dejado de notar que cualquier conversación, por más trivial que fuese, se podía convertir en una batalla dialéctica. Ni la tan traída conversación sobre el tiempo estaba a salvo de convertirse en una tormenta si esos dos estaban juntos. Pero Paco no estaba nervioso por eso. Ni tampoco por el resultado de su guiso, que sabía que era excelente. Su hermana tenía razón en eso. Paco sabía que en las comidas mensuales que organizaba para deleitar a sus amigos siempre recibía palabras amables, elogios y palmadas en la espalda. No lo hacía por eso. O no era su motivo principal, a todo el mundo le gusta ser aceptado y reconocido por alguna habilidad. No. Hoy el motivo de su nerviosismo era otro. Había decidido confesarse. Finalmente no podía ocultar a la gente que se sentaba a su mesa la vida secreta que llevaba. Su círculo más íntimo merecía la verdad. Y hoy era el día en que iba a confesar. Y estaba nervioso. No sabía cómo comenzar. Levantó la mirada de su plato, se fijó en los comensales,  centrados en su platos y disfrutando de la comida. Carraspeo e intento hablar.

-Yo….

Todas las cabezas se volvieron hacia él, casi en completa sincronización, salvo su cuñado que siguió llevándose la cuchara a la boca y masticando antes de girarse hacia su anfitrión. Esto distrajo a Paco.

-Yo …

Ahora ya con la atención de todos, algunas cejas levantadas en señal de muda pregunta, su hermana girando la mano abierta como queriendo ayudarle a continuar.

-Yo quería deciros una cosa.

El efecto dramático de la pausa no planificada fue demoledor sobre Paco, su ritmo cardiaco comenzó a dispararse, sus interlocutores, atentos a sus palabras no daban indicios de sorpresa todavía.

-Yo quería deciros que me gustan los niños

Después de unos segundos de sorpresa todos los comensales comenzaron a hablar al tiempo expresando sus sorpresa, incredulidad o desconcierto. Paco acertó a entender un par de frases sueltas entre todo el bullicio.

-Puede deberías haberte casado como todos joder. –exclamo Manuel al tiempo que diminutas gotas de guiso abandonaban su boca expulsadas a gran velocidad en la dirección de su mujer sentada frente a él.

Algunas risas, asentimientos en algunas cabezas y otros comentarios por el estilo acompañaron el alegato de su cuñado.

-Nunca me habías dicho nada Paquito, que callado te lo tenías todos estos años hermanín.

-Creo que no me habéis entendido bien. –Apostillo Paco, calmando un poco las réplicas – Me gustan los niños.

Se hizo un pequeño silencio que Paco aprovecho para matizar su afirmación.

-Y por lo que habéis dejado en los platos, parece que ahora a vosotros también os gustan.

 

José Miguel Rodríguez

Madrid 9 enero de 2017

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