La Piscina

Unos pequeños ejercicios de calentamiento previos al salto a la piscina. va, poca cosa. Unos giros a derecha e izquierda de la cintura con los brazos en paralelo al suelo. Ningún crujido ni signo de dolor por ninguna parte. Todo en orden. Un acercamiento al trampolín con pasos cortos pero decididos.  No había nadie esperando para saltar así que toda la atención de la piscina sería para él. Una pequeña demora en la punta de la tabla antes de saltar. Los dedos de los pies fuera del tablón, en el aire, casi intentando sujetarse al reborde. Los pies firmes, juntos, pegados, al igual que las rodillas y los muslos. Todo el cuerpo en tensión.  Todos los músculos a la espera de coordinarse hasta la milésima de segundo para realizar el salto perfecto. Disfrutando de la atención de todo el público presente. A esas horas tan calurosas de la tarde y tras la comida, justo en la hora de la siesta, se preparó para saltar al vacío. Fue un salto perfecto, sin ninguna duda, pensaba mientras braceaba con fuerza a lo largo de la piscina. Un salto limpio, con muy pocas salpicaduras, entrando en el agua como un cuchillo en la mantequilla o más bien como un bisturí en una operación. Un salto quirúrgico. No le dio mucho más tiempo a sus divagaciones pues llegaba el momento crítico del giro. Se tensó y dejo de bracear. Con el impulso que llevaba le sobraba para alcanzar el borde de la piscina. La coordinación era primordial. Ya. Hundir la cabeza entre las manos, girar el tronco sobre la cintura primero para inmediatamente comenzar la torsión del mismo de tal forma que los pies pudieran golpear la pared y renovar el impulso en la dirección contraria de marcha, sacar la cabeza, hacer una amplia inspiración y volver a bracear rítmicamente de nuevo. Perfecto.  Una maniobra espectacular, tanto en ejecución como en rapidez. El regreso al punto de partida no fue más que un trámite, fuertes brazas seguidas de grandes inspiraciones. Casi no pudo evitar que una sonrisa iluminara su rostro. Jugando con la inercia y nada más tocar la pared, se impulsó con fuerza para salir de la piscina con un fluido movimiento. Solamente tuvo que apoyar ligeramente la barriga en el borde de la piscina para después empujando con los brazos y colocando una rodilla en los azulejos del borde, salir completamente de la piscina. Se dio unos segundos para decelerar la respiración después del ejercicio. Claro que también aprovecho para sacar pecho y presumir un poco ante las dos chiquillas que estaban en las tumbonas cerca del borde con esa expresión de sorpresa en el rostro. Eran muy jóvenes para él, pero que supieran lo que era bueno, los jóvenes de ahora no valían para mucho y seguro que añoraban un hombre como él, de verdad, de los de antes. Ahora sí que dejo salir su sonrisa mientras retiraba las gotas de agua de su pecho con un gesto de dejadez muy estudiado. Tranquilamente, sin prisas, comenzó a caminar entre las tumbonas hacia su toalla, dejando que la gente disfrutara observándole.

– ¿Te has dado cuenta del vejestorio ese?

-Si tía, que fuerte

-Todos los putos días lo mismo.

-Ya tía.

– Primero el salto del cachalote, luego el chapoteo de la ballena pero lo que no aguanto para nada es la salida de la morsa, con todas esas carnes fofas bailando por su cintura y su pecho. ¡Qué asco!

-Jo tía, es verdad.

– Y si por lo menos todo el asqueroso pelo que tiene en el pecho y la espalda lo tuviera en la cabeza….

-Si tía, mola cero.

– Uff, putas piscinas públicas, ¡lo que hay que tragar!

 

Madrid 17-Diciembre-2015

Jose Miguel Rodríguez.

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