Fuerte y al hierro

Cogió el balón con las dos manos, sopesándolo, como preguntándose si por arte de magia había cambiado de peso o forma en los últimos minutos que no había tenido contacto con el, le poso suavemente, con cariño, sobre el césped, justo en el punto blanco, el punto fatídico para los porteros, el punto de penalti, el lugar de gloria o de fracaso, el punto de inicio o de fin.

Esta era una ocasión distinta, recordaba otros penaltis que había conseguido a lo largo de su carrera, ya en el colegio era él el encargado de lanzadlos pues los convertía casi sin fallar ninguno, al comenzar su carrera profesional fue catalogado en los medio de comunicación como un experto en la pena máxima, recordaba algunos goles muy bonitos que había conseguido desde ese punto, nada de filigranas ni desplantes a los porteros como solían hacer algunos astros brasileños que se jugaban la consecución del tanto frente a una espectacularidad en el mismo. Él desde pequeño se había acostumbrado a seguir las directrices de su padre, el penalti era una ocasión clara para conseguir un gol y no había que desperdiciarla. Había que tirarlo bien y un buen delantero no fallaba un penalti y puede que un muy buen portero parara un pena máxima, pero esto era muy extraño, lo normal es que se lanzara mal. Por tanto su padre decía que había que tirar “fuerte y al hierro”, apuntar al soporte de la red que nacía de la cruceta del poste y moría en el césped tras la portería. Un hierro que había hecho las delicias de los aficionados a lo largo de su carrera deportiva. Unas veces de una patada seca, dura a la misma base del hierro, imparable, otras veces con mas dulzura, a la parte superior del mismo, otras las menos, a la parte media del mismo, pero siempre al hierro, siempre.

Recordaba todo esto mientras se separaba del balón, sonriendo ligeramente, sintiendo la tensión del ambiente, el silencio contenido del publico, su publico, los dedos de los periodistas gráficos tensos sobre el disparador de sus cámaras, listos para conseguir la portada del diario deportivo de mas tirada del país, listos para capturar esa imagen que diera la vuelta al mundo. Miro al arbitro que estaba contemplando la situación del portero, cerciorándose que se encontrara en su linea de meta, ni un paso mas adelante. El sabia que en el momento en que pitara el colegiado, el portero intentaría cubrir el máximo de portería, se adelantaría unos pasos rápidos y certeros y elegiría una dirección en la que saltar para intentar adivinar la trayectoria del esférico y desviarlo lejos de su meta o en el mejor de los casos atraparle y hacer enmudecer a todo el estadio. Pero para evitar eso estaba él allí.

Tenia la plena confianza de su entrenador. Llevaba ya mas de cien partidos jugados con su selección, titular indiscutible con los últimos cuatro seleccionadores nacionales, todos ellos de distinto talante, con distintas ideas sobre el fútbol y la forma de jugarlo pero con la misma necesidad de su talento natural para el deporte rey.

En los equipos por los que había pasado también había sido agraciado con la titularidad, desde los 17 años en que debuto en primera división hasta sus 23 años actuales había pasado por tres equipos, fichado hacia tres años por uno de los grandes había conseguido todo lo que se podía soñar a nivel de club, Copa de Europa, solamente una, ligas, las de los dos últimos años, copas del Rey también dos y ahora estaba en lo mas alto con su selección, la final de la copa del mundo, el mundial. El máximo galardón para una selección y por supuesto para un jugador.

Y aquí estaba, de estas no tenia nigua por el momento, pensó risueño, solo necesitaba transformar ese penalti y la cosa cambiaría. Sabia que la victoria estaba en sus botas, todo dependía de él en este momento, no sentía el peso de la responsabilidad, pero si que se veía en la cumbre de su carrera, era su momento, los ciento veinte mil espectadores del campo y los millones de tele espectadores estaban con la vista fija en él, su padre debería de sentirse orgulloso de él. Seguramente estaba mucho mas nervioso que él y con una cantinela saliendo entre sus dientes apretados, “fuerte y al hierro, fuerte y al hierro”, no consiguió disimular una sonrisa que le apareció en la cara. ¿Que pensaría todo el mundo al verle sonreír justo antes de tirar el penalti de su vida? Se suponía que uno debería de estar serio, concentrado y dispuesto a dar todo lo que tenia dentro en ese momento crucial del partido, pero el no podía dejar de pensar en todas las cosas que iban a pasar tras el partido, las entrevistas, los periodistas mas avispados preguntando porque se había sonreído antes de lanzar, la televisión repitiendo las imágenes de se carita sonriente antes del lanzamiento, parecía mentira que todas esas cosas pudieran pasarse por la cabeza en esos momentos tan cruciales, en esos segundos que anteceden al pitido del arbitro, la de cosas que se piensan, la de ideas absurdas que se aparecen como un fogonazo sin saber muy bien de donde venían y que rápidamente desaparecían para dar cabida a otras ideas mas absurdas aun. Por ejemplo le vino a la cabeza una imagen de su perro mordiendo la pata del sillón del salón lo cual le hizo aumentar un poco su sonrisa, el animal joven y con ganas de jugar todo el día le estaba destrozando el mobiliario de su piso, pero la compañía que le ofrecía y la alegría que le daba superaba con creces todos los destrozos que causaba aunque su novia no pensase lo mismo.

El arbitro pito, un pitido rápido, seco, conciso, como queriendo decir, acabemos de una vez por todas con esto, todos tenemos ganas de terminar y marcharnos a casa. Miraba al portero, miraba al delantero y al resto de los jugadores que esperaban en lanzamiento desde fuera del área, impacientes por saber el resultado. Sus compañeros relajados pues conocían su efectividad, los contrincantes a la espera de salir corriendo hacia su portería para evitar posibles rechaces.

Una ultima mirada al marcador digital del estadio, el cronometro corría lenta pero inexorablemente hacia el minuto noventa, solo faltaban unos escasos tres minutos mas lo que el arbitro tuviera a bien añadir, que dado la situación del marcador esperaba que no fuese mas que dos o tres minutos, los cuales deberían de pasar lentos, con los rivales presionando todo lo inimaginable y ellos defendiéndose con uñas y dientes, seguro que el no volvía a pasar del medio del terreno pero sabia que una vez que hubiera transformado el penalti ya nadie podría quitarles el partido. ¡Lo iban a lograr! Solo era cuestión de segundos.

Llego el momento, fuera pensamientos externos, todo concentración, sincronía entre la pierna, el balón y la portería. Una ultima mirada al portero, empequeñecido por el marco de la enorme portería, un saltito y trote hacia el balón, décimas de segundo para impactar y lanzar el esférico contra el hierro de sujeción de la portería y ….. En una décima de segundo una palidez mortal invadió su rostro, al desviar la vista del portero hacia la portería se percato de un hecho que se le había escapado hasta el momento, un acontecimiento que cambiaba completamente la situación, los nervios le invadieron completamente, la confianza en el éxito se disipó en un pestañeo, el contacto con el balón no fue todo lo confiado que debía de ser y el esférico voló pausadamente, como a cámara lenta, hacia el portero, no hacia la portería, vio como la pelota impactaba en el guante izquierdo de la mano del portero y salia despedido por encima de la portería. Todo acabo en un segundo fatídico. Él de pie, solo en el punto de penalti con la mirada perdida.

¡La portería no tenia hierros!

Madrid 29-Marzo-2005

José Miguel Rodríguez

Anuncios